¿Puede un tumor benigno derivar en cáncer de parótida?

Los últimos días y con ocasión de la re intervención de Tito Vilanova, por el excelente equipo de cirujanos maxilofaciales del Hospital Valle Hebrón, hemos recibido numerosas consultas de pacientes intervenidos de tumoraciones de la glándula parótida en los últimos años en el Instituto Maxilofacial. La pregunta habitual viene siendo: ¿Hay riesgo de que mi tumor vuelva a aparecer?

La mayor parte de tumores de las glándulas salivares y concretamente de la parótida, son benignos. El más frecuente es el llamado tumor mixto o adenoma pleomorfo. El segundo más frecuente es el llamado tumor de Warthin. En ambos casos, la extirpación total del tumor, elimina definitivamente el problema.

Se han descrito casos -excepcionales- de malignización de estos tumores benignos cuando se dejan evolucionar mucho tiempo. Por ello, es fundamental realizar su extirpación una vez localizados. Dicha extirpación entraña cierta dificultad técnica, toda vez que el nervio facial -responsable de la movilidad de los músculos de la cara-, discurre a través de la glándula parótida. Por ello es necesario realizar una separación cuidadosa del mismo durante la cirugía para evitar su lesión. En esta cirugía, el tipo y trayecto de la incisión en la piel es importante, para evitar cicatrices visibles.

En el Instituto Maxilofacial, diseñamos y publicamos en el International Journal of Oral and Maxillofacial Surgery una técnica original, que permite mediante una incisión oculta (similar a la practicada en la realización de un lifting) realizar la extirpación de los tumores benignos de la glándula parótida. En mi Tesis Doctoral también traté las diferentes complicaciones de esta cirugía y llevo años trabajando en minimizar su agresividad y poder así reducir las secuelas y facilitar la vuelta de los pacientes a su vida normal.

[caption id="attachment_1414" align="alignleft" width="290"]Cicatriz después de dos años Cicatriz después de dos años[/caption]

Los tumores malignos de las glándulas salivares y concretamente de la parótida, son afortunadamente mucho menos frecuentes, pero los signos en el inicio de la enfermedad son parecidos: una tumoración dura en la zona que rodea la porción inferior de la oreja. El diagnóstico de malignidad se establece tras puncionar el tumor y obtener unas células que una vez estudiadas al microscopio, son etiquetadas como malignas. En estos casos, la cirugía tiende a ser más radical, y muchas veces comporta la extirpación de una parte del nervio facial si este está afectado. Dependiendo del tipo de tumor maligno, a veces es necesaria la extirpación de los ganglios linfáticos del cuello, y la realización de radio y/o quimioterapia.

Como conclusión, es importante que ante la aparición de cualquier nódulo, bulto o tumor en la cara, se realice una consulta en el Instituto Maxilofacial o con un buen cirujano maxilofacial.

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